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:: AREAS NATURALES | RESERVA ECOLOGICA RIO AVISADO-TINGANA

Río Avisado.- Ubicado en Moyobamba, baña una extensa área de aguajales y renacales de 3,479.73 hectáreas.
El río Avisado constituye un ecosistema húmedo en selva alta, único en el mundo por su altitud 860 msnm con una vegetación anfibia típica. Hábitat de aves, monos, mariposas, nutrias, peces nativos, etc.
En Tingana el espacio se divide entre el agua, la selva y el cielo. Tres horizontes en los que la vida siempre está presente sigilosa, exuberante y bulliciosa.

 

Estábamos allí para observar cómo el área nacional protegida Renacal-Aguajal del Alto Mayo, zona de Tingana, abría los brazos de sus árboles y cauces de los ríos para que los visitantes los surquen y se conviertan en testigos de lo que puede ofrecer la naturaleza, si tiene como aliado al hombre que la habita.
Miramos el cartel que aparece a un lado del rústico embarcadero de la Boca de Huascayacu, al cual llegamos tras recorrer 25 kilómetros en dirección sur durante una hora, por una rojiza carretera desde Moyobamba, en la nororiental Región San Martín.
Teníamos ante nosotros a las seis mil hectáreas de la reserva de Tingana. Pero antes de ingresar en esta zona, después de la travesía por tierra, nos embarcamos en una canoa para surcar el Mayo, corriente arriba, durante 20 minutos. Más adelante nos adentramos en Tingana por un brazo que se desprende de este río, al cual los lugareños llaman río Avisado. El porqué de tan singular nombre lo encontramos en la propia reserva.
Mientras ingresábamos en este callejón compuesto por vistosa vegetación, observamos que las aguas se fueron tornando oscuras y más densas. Ello logró hacernos creer que navegábamos por un surco de espejos, donde se podía ver perfectamente el reflejo de todo lo que nos rodeaba. Esta tonalidad oscura, que no habíamos visto en el Mayo, se debe a la materia orgánica, las raíces y las hojas de las plantas, que se descomponen en las aguas calmas del Avisado.
El cielo desapareció de pronto, para dar paso a una verde y oscura vegetación.

Esta enmarañada selva es el llamado bosque anfibio, constituido por los renacos, que crecen sobre los 840 metros sobre el nivel del mar y que los pobladores llaman también los “árboles que caminan” (porque a medida que crecen dejan caer raíces, de las que nacen nuevas extensiones que van cubriendo una orilla y otra, como si caminaran).
“Son únicos en el mundo”, refiere Norith López, del Área de Ecoturismo de Cáritas del Perú, en Moyobamba, quien estuvo a cargo de llevar a cabo el proyecto concebido para este lugar paradisíaco.
Allí se encuentran también los aguajales, típicos y enormes árboles de los que los pobladores obtienen el aguaje, un fruto muy apreciado por propios y extraños.

“Los miembros de la Asociación Hídrica Renacal-Aguajal del Alto Mayo, integrada por los miembros de estas quince familias, han dejado de cortar los árboles para obtener sus frutos. Ahora suben hasta las copas y retiran los frutos maduros, dejando que el árbol siga su proceso natural de crecimiento.

”Cáritas del Perú, organismo de apoyo y promoción de la Iglesia católica, mediante el Programa de Oportunidades para el Desarrollo Económico que Reduzcan la Exclusión Social (Poderes) y con el financiamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), colaboró con otras entidades para que Tingana se convirtiera en un destino ecoturístico, al propiciar el fortalecimiento de las asociaciones de bases y capacitar a los miembros de las quince familias en el mejor aprovechamiento de sus recursos.

 

 

Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo de la Región San Martín
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